La importancia de la oración

Jesús solía orar mucho tiempo. Sabemos muy poco acerca del contenido de aquellas oraciones, pero lo poco que quedó registrado en la Biblia es verdaderamente revelador y reconfortante.

¿Qué es orar? Desde el punto de vista cristiano, orar es conversar con Dios.

Jesús les enseñó a orar a sus discípulos de la siguiente forma:

Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre,
venga tu reino,
hágase tu voluntad
    en la tierra como en el cielo.
El pan de mañana, dánoslo hoy.
Perdónanos nuestras deudas,
    como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores.
Y no nos dejes caer en tentación,
sino líbranos del maligno. 

Si ustedes pusieron atención en la oración modelo de Jesús notarán que a quien debemos dirigirnos es al Padre. Esto la gente no lo suele considerar, pero es un gran honor que podamos llamar al Creador de la misma forma en que Jesús lo hacía: Padre. Debo recalcar que Jesús no nos enseñó a comunicarnos con su madre (María), con su padre terrenal (José), con sus discípulos o con algún santo. Siempre que oren/recen, digan Padre y diríjanse al Padre, así estarán siendo obedientes con Su Maestro.

Jesús solía orar junto a otros, pero la mayor parte del tiempo de su oración lo hacía orando apartado de la gente, en lugares tranquilos (probablemente por esa razón tenemos tan pocos registros de sus oraciones). Lo que sí sabemos es que solía pasar noches enteras orando con Dios. Miren este versículo:

En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios (Lc 6, 12).

Lo otro: la oración no se debe hacer una vez a la semana ni una vez al mes, sino todos los días. Jesús enseñó que debíamos orar y velar sin cesar. Un judío contemporáneo de Jesús solía orar tres veces al día, pero sabemos, por la Biblia, que Jesús oraba eso y mucho más.

Hay algunos que menosprecian el poder de la oración y se desvelan haciendo muchas obras, pero eso es tener un Cristianismo incompleto. Acotemos que no por mucho orar, significa que Jesús actuara poco, al contrario: de la oración él sacaba fuerzas para luego hacer milagros, convertir el agua en vino, sanar enfermos, multiplicar los panes, enseñar a los discípulos, echar fuera demonios etc. Estoy seguro que quienes más oran, pero en su verdadero sentido, no el repetir palabras sueltas -una y otra vez- como lo hacen en religiones orientales, son quienes más obras realizan.

“No hay reino de Dios sin oración”, dijo una vez un teólogo. Orar es tener intimidad con Dios. Orar es estar más cerca de Dios. Y si estamos más cerca de Dios estamos haciéndolo todo bien. Jesús dice en Jn 15, 5: Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí y yo en él, éste lleva mucho fruto, porque separados de mí nada podéis hacer.

¿Cuánto tiempo dedicas a la oración? ¿Oras todos los días? ¿Te diriges a tu Padre Celestial cuando oras? ¿Sigues el ejemplo de Jesús o el de los hombres? Espero que estas preguntas sean para tu beneficio.

Comunicación, Redes Sociales y Dios

Un discurso común hoy en día es decir que Facebook, Twitter y los teléfonos inteligentes están destruyendo —o han destruido ya— la comunicación. Otro discurso que he escuchado reiteradamente es que, ahora —cuando estamos más conectados— es cuando nos sentimos más solos. No obstante, yo veo las cosas un poco distintas. Se los mostraré en esta columna.

Pienso que la hiperconexión que experimentamos en la actualidad nada afecta a nuestras relaciones pasadas, presentes o futuras. Ya que no son agentes de relación, son solo medios. Así como no podemos culpar a la voz de nuestras palabras, no podemos culpar a un Smartphone de nuestra pobre comunicación.

He comprobado que las tendencias sociales que tenemos en la vida real, se repiten en la vida virtual. ¿Eres introvertido dentro de tu círculo? Lo más probable es que lo sigas siendo en las redes sociales. ¿Eres una persona influyente en tu comunidad? Seguramente, seguirás influyendo en las redes sociales. ¿Tienes problemas con tu pareja? Entonces, seguramente discutirán un montón por detalles en Facebook: un post, estado de relación, etc.

Las redes sociales solo replican lo que uno vive cada día. En general, no conozco personas que pasen de ser completas desconocidas, y salten a la fama en Twitter. Tampoco conozco personas que tengan muy pocos amigos y, repentinamente, tengan muchos amigos en Facebook. Quienes más tienen amigos en Facebook son los más sociables, los más amistosos. Quienes tienen más seguidores suelen ser quienes tienen más contactos reales o quienes eran famosos mucho antes de que se inventara la red social del pájaro.

Es importante que cuidemos nuestras relaciones. La responsabilidad está en nosotros, no en una red social. Si no tienes Facebook, puedes usar Twitter. Si no usas Twitter, puedes usar el e-mail. Si no tienes internet, puedes usar las cartas tradicionales. Si no se tienen las cartas, simplemente te puedes reunir con aquellas personas que no ves hace tanto tiempo.

No le echemos la culpa a internet de que no vemos a las personas. Si no hemos visto a alguien que queremos ha sido por pereza. Así de simple.  

Piensen que Dios siempre está ahí. Disponible para nosotros. Quien le pide, recibe; quien lo busca, lo encuentra. Tiene un servicio que no falla. Funciona las 24 horas del día, los siete días de la semana y festivos. El servicio se llama oración. Podemos acceder a una Persona  totalmente buena e inteligente. Sin embargo, cuán poco le hablamos, cuán poco tiempo dedicamos a Él. Pero no es por culpa del iPhone. Es que nosotros no somos lo suficientemente sabios para saber que hablando con Él los problemas nos parecen más pequeños. Al estar en hombros de gigantes (y vaya que Dios es gigante), todas las cosas son más llevaderas, más fáciles de enfrentar. Él nos puede dar esa sabiduría que tanto nos falta. 

“Yo sé que siempre me escuchas…”

Jesús tenía un amigo. Su nombre era Lázaro. En otro artículo hablamos del afecto especial que Jesús tenía por María de Magdala. Bueno, también quería mucho a tres personas (hermanos entre sí): Marta, María de Betania y Lázaro. Sabemos que Jesús algunas veces se quedaba ahí para dormir y cenar. 

Antes haré una aclaración necesaria. Hay tres Marías importantes en el Nuevo Testamento. Las enumero: María. la madre de Jesús, María de Betania (ungió a Jesús para su sepultura y le secó los pies con sus cabellos) y María Magdalena (a quien le sacó siete demonios). Creo que para Jesús la más importante de ellas fue María Magdalena, ya que es a quien primero se aparece resucitado. No sabemos quién es la mujer adúltera a la cual salvó de la muerte cuando todos la querían apedrear. Es posible que fuera María Magdalena y los evangelistas no lo dijeron por respeto. 

Continuemos con el amigo de Jesús: Lázaro. 

Lázaro enfermó gravemente y sus hermanas mandaron a avisarle para que lo sanara, ya que era conocido por todos que Jesús sanaba a muchos enfermos (paralíticos caminaban, ciegos veían, endemoniados eran libertados). A esta altura, la fama de Jesús se había extendido por toda Palestina. Sin embargo, Jesús se mantuvo dos días en el lugar donde estaba. No fue de inmediato al llamado de estas mujeres. Pese a que se trataba de su amigo. Pese a que se trataba de personas cercanas que lo habían hospedado en su hogar. 

Pero Jesús no esperó eternamente. Luego de los dos días le dice a sus discípulos “Regresemos a Judea”. Pero dos días significó mucho tiempo. Lázaro ya no estaba enfermo, estaba muerto. Con todo el tiempo que implicó viajar, llegó cuando Lázaro tenía cuatro días muerto. Leamos Juan 11, 21-26:

—Señor —le dijo Marta a Jesús—, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aun ahora Dios te dará todo lo que le pidas.
Tu hermano resucitará —le dijo Jesús.
—Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día final —respondió Marta.
Entonces Jesús le dijo:
Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá, aunque muera; y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás. ¿Crees esto?

El lugar estaba lleno de gente que habían ido a darle el pésame a Marta y María. Algunos murmuraban y decían (criticando o quejándose de Jesús): “Éste, que le abrió los ojos al ciego, ¿no podría haber impedido que Lázaro muriera?”. 

Al ver a María tan triste y a los judíos que la habían acompañado, Jesús se turba y se conmueve profundamente. Jesús, orando, le dice a Dios: “Yo sé que siempre me escuchas”. Jesús tenía certeza de que era escuchado. Dios era su “Papito”. Dios no era un rey distante, no era un juez injusto que esperaría que una viuda se desgastara yendo a verlo cada día esperando que le diera una solución, no era un mal padre que le daría piedras si le pedía pan. 

Dios nos escucha la primera vez que le pedimos. No es necesario hacer pedidos continuos, no son necesarias las mandas, no son necesarios los sacrificios. Jesús escuchó la primera vez que las mujeres le piden que vaya a sanar a Lázaro. Si Jesús se demora es porque tenía un plan. No fue por descuido ni negligencia. No fue desamor ni falta de amistad.

Hoy Dios es tan cercano como lo era Jesús de Lázaro. Dios es tan amigo de nosotros como lo era de estos tres hermanos. Dios se conmueve con nuestro dolor. Y es posible que incluso llore. Nuestro Papito se pone triste si nos pasa algo malo. Nuestro Papito se alegra con nuestra alegría. Nuestro Papito nos escucha. No lo hace a la segunda vez que le pedimos algo, no lo hace a la tercera vez. Nos escucha la primera vez que nos presentamos delante de Él. Lo que sucede es que algunas veces Dios no nos responde porque le pedimos mal. Pero ¿qué es pedir mal? Pedir sin fe. Pedir pensando que tenemos que hacer ayunos y sacrificios. Pedir pensando que tenemos que darle algo a cambio a Dios para que Él nos oiga. Pero Él ya lo dio todo. Dio a su hijo unigénito por nosotros. ¿Que podríamos agregar nosotros? ¿Qué otro sufrimientro sería necesario agregar? Cuando pidan a Dios, pidan sabiendo que un Padre amoroso les escucha. Así como lo hizo Jesús. 

Lázaro resucitó (pueden leer la historia completa en Juan 11). Este milagro maravilloso lo podemos ver nosotros en  la actualidad. Los cristianos tenemos el Espíritu Santo. Y Él es quien obra con poder hoy. 

Finalizo este post con una canción: “You are more”. El coro dice así:

You are more than the choices that you’ve made, [eres más que las decisiones que has tomado]
You are more than the sum of your past mistakes, [eres más que la suma de tus errores pasados]
You are more than the problems you create, [eres más que los problemas que creas]
You’ve been remade. [Has sido renovado]

‘Cause this is not about what you’ve done, [Porque esto no se trata de lo que has hecho]
But what’s been done for you. [sino de lo que ha sido hecho por ti]
This is not about where you’ve been, [esto no se trata de dónde has estado]
But where your brokenness brings you to  [sino hacia dónde te lleva tu quebrantamiento]

This is not about what you feel,  [Esto no se trata de lo que sientes]
But what He felt to forgive you, [sino de que lo que Él sintió al perdonarte]
And what He felt to make you loved. [y lo que sintió Él al hacerte amado]

Jesús y la oración

“El Reino de Dios no es concebible sin oración” — E. Fuchs (teólogo alemán). 

Es sabido que en tiempos de Jesús era normal orar 3 veces al día. Se comenzaba y se terminaba el día con una declaración de fe: el Shema (Dt 6, 4-9). Además, a las 15:00, se hacía una oración adicional: la tephillah. Recuerden Hch 3, 1: “Un día, Pedro y Juan fueron al templo para la oración de las tres de la tarde“. A estos 3 tiempos de oración cotidiana se añadían las oraciones de mesa, antes y después de cada comida. Sin embargo, se veía a Dios como alguien lejano, como un rey a quien había que rendir homenaje [1]. 

Jesús cambia la esencia ritualista de la oración. Para empezar, acerca a este Dios lejano, y permite a sus discípulos que le dijeran Abba, (cuyo significado más cercano es “papito”) la cual era la forma revolucionaria en que Jesús hablaba con Dios. Si antes la oración estaba más bien ligada a lo cultual o a la oración en comunidad, Jesús hace un giro, ya que él ora en soledad. Jesús no elimina las 3 oraciones al día ni la oración de la mesa ni las oraciones en comunidad, sino que agrega muchas más oraciones en su vida cotidiana.  Jesús pasa horas enteras e incluso noches enteras dedicado a orar solitariamente. ¿Cuántos de nosotros tenemos como hábito orar más de 1 hora al día o al menos orar más de 1 vez al día?

Revisemos los siguientes pasajes:

Muy de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, Jesús se levantó, salió de la casa y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar. (Mc 1, 35)

Cuando se despidió, fue a la montaña para orar. (Mc 6, 46).

Por aquel tiempo se fue Jesús a la montaña a orar, y pasó toda la noche en oración a Dios. (Lc 6, 12).

Mientras el Shema y el Tephillah son oraciones comunitarias en hebreo, Jesús enseña una oración comunitaria en su lengua materna (arameo): el Padre Nuestro. Es decir, lleva la oración a la cotidianeidad, a nuestra vida cercana. La oración, de esta forma, queda fuera del ambiente litúrgico. Es triste ver que hoy las iglesias se esfuerzan en lograr lo contrario: intentan sacar la oración de la relación personal con Dios y llevarla hacia lo litúrgico.

Aclaro que oraciones litúrgicas y comunitarias como el Ave María y oraciones dirigidas a “santos” y/o ángeles nunca fueron enseñadas por Jesús. No las encontrarán en ningún evangelio ni en toda la Biblia. Jesús nos enseñó que siempre al orar nos dirigiéramos a Dios como Padre. Esto es un gran privilegio: el llamar a Dios Padre. Es lamentable ver cómo este sentido de privilegio se ha perdido al aparecer otras oraciones, que en vez de enfatizar el acudir a Dios, enfatizan el recurrir a otros seres o a otros humanos pecadores como nosotros. 

Jesús nos exhorta a no usar palabrería en nuestra oración. ¿A qué se refiere? En el tiempo de Jesús los fariseos usaban muchos epítetos para referirse a Dios. Jesús en cambio, nos dice que le digamos simplemente Padre. Jesús nos exhorta a interceder por otros (incluídos nuestros enemigos), a la oración de súplica y nos dice que ojalá nuestra oración se haga en secreto (no como los fariseos que pareciera que buscan lucirse). Revisemos los siguiente pasajes:

Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido zarandearlos a ustedes como si fueran trigo. Pero yo he orado por ti, para que no falle tu fe. Y tú, cuando te hayas vuelto a mí, fortalece a tus hermanos. (Lc 22, 31-32)

Así que yo les digo: Pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá la puerta. (Lc 11, 9)

Pero tú, cuando te pongas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto. Así tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará. (Mt 6,6).

La condición para que la oración sea escuchada es la prontitud para perdonar. ¿Cómo podemos pedir perdón divino si nosotros no estamos dispuestos a perdonar? Tan importante era para Jesús el perdón que lo incluyó a la fórmula del Padrenuestro. 

Perdónanos nuestras deudas, así como también nosotros perdonamos ahora a nuestros deudores. (Mt 6, 12).

Nuestra oración siempre será escuchada. Debemos insistir. Orar debe ser un hábito y no un acto poco frecuente en nuestras vidas. Debemos orar a Dios. No a María, no a José, no a los santos, no a los ángeles. Debemos llamar a Dios Padre. Si nos dejamos guiar por Jesús (olviden lo que les enseñaron otras personas), surgen estos principios. 

1. Joachim Jeremias. “La predicación de Jesús”. La nueva manera de orar. Ediciones Sígueme, Salamanca. 1974.

Volver al futuro

Hay una película de 1985 llamada “Back to the Future”. Es un clásico. Si no la ha visto le recomiendo que lo haga. En esta columna quiero hablar un poco de esa película y acerca de la oración que nos enseñó Jesús. Advierto que este texto contiene spoilers del film (también contiene spoilers de la oración que nos enseñó Jesús, aunque eso no debiese ser un problema).

¿Comencemos?

La película se trata de cambiar el destino de una persona. Esto, en la película, se logra con un viaje al pasado. Pero, en realidad, se logra con la enseñanza que Emmett “Doc” Brown le entrega al joven Marty McFly. Él le dice: “Si pones tu mente en un propósito, puedes lograr cualquier cosa”.

Un consejo bastante diferente de lo que le dice el director de la escuela de Marty McFly: “Tienes un problema de actitud McFly, eres un holgazán. Me recuerdas a tu padre cuando estudió aquí. Él también era un flojo”.  El director continúa desanimando a Marty, rematando con: “¡Ningún McFly nunca llegó a nada en la historia de Hill Valley!”.

¿Cuál de los dos consejos han recibido ustedes? Yo he recibido más consejos similares a los del director.

De todos modos, el director, en cierta medida, tiene algo de razón. Es verdad que uno acarrea con maldiciones familiares al momento de nacer. Es cierto que uno tiende a reproducir errores ancestrales de nuestros tatarabuelos. Es que uno carga con los pecados de nuestros antepasados. No hablo de “karma” ni de vidas pasadas, sino de pecados que cometieron nuestros ascendientes y que conllevan consecuencias. Lo bueno es que existe una salida para eso. Existe una solución. Desde el momento en que tú aceptas el perdón que ofrece Jesús —gratuitamente—, esos pecados son borrados y naces de nuevo. Hay personas que representan eso con bautismos de agua. Yo no encuentro necesario hacer esa representación, pero eso es otro tema.

Sigamos con la película.

Marty McFly viaja al pasado en un DeLorean que funciona con Uranio. Llega hasta la época en que sus padres aún no se conocen. Él le da un consejo a su padre, inspirado en el “Doc”, que cambiaría para siempre la historia de los McFly. Le dice: “Si te propones algo, puedes lograr cualquier cosa”.  (Dejo la imagen, para que quede más claro).

Marty hablándole a su padre, en el pasado.

El padre tenía miedo el rechazo. Era escritor y tenía miedo de que se burlaran de su trabajo que, en el fondo, era su alma. Así también, a Marty le daba terror ser rechazado en una disquera por su trabajo musical como guitarrista y cantante. El miedo había paralizado a la familia. Los había hundido en el fracaso, en la mediocridad, en la pobreza.

Muchas personas tienen miedos y dejan que ese miedo se apodere de ellos. No es pecado sentir miedo, pero se le debe dejar solo un espacio limitado. Si se descontrola puede terminar arruinándonos. Siempre debemos recordar que Dios es nuestra fortaleza, nuestra “torre fuerte”, como decía el salmista. Si pensamos en el poder de Dios, nuestro miedo queda reducido al tamaño de una hormiga; pero si le damos más relevancia a nuestro propio poder,  entonces nos desarticulamos, desfallecemos.

Pero aún no hablo de la oración que Jesús nos enseñó. A continuación lo haré. Manténganse atentos.

Jesús también nos invita a un viaje temporal. La diferencia es que el viaje no lo hacemos nosotros, sino el tiempo mismo. El futuro es el que viaja hacia el presente.

Jesús, en la famosa oración que enseño a sus discípulos, dijo que le pidiéramos lo siguiente al Padre: “El pan de mañana, dánoslo hoy” (Mat 6,9-13). Es decir, Jesús nos dice que el futuro lo traigamos a nuestro presente, al ahora. Esto puede parecer extraño para nosotros, pero Dios está sobre el tiempo. Después de todo, Él lo creó.

El pan de mañana es el Pan de Vida, el regocijo del Paraíso, el poder del Reino de Dios, la bendición. Dios nos enseña que ese pan de mañana lo pidamos para hoy mismo. El Reino de Dios se ha acercado. El Reino de Dios ha llegado. El Pan no es solo pan. El pan es nuestro trabajo soñado, la pareja soñada, la casa soñada, es el pan del paraíso. Para Dios no hay cosas profanas y cosas sagradas porque Él santifica todo. 

Jesús rompe con todas las maldiciones que acarreamos y que ni siquiera notamos que son maldiciones. Por esa razón Jesús sanó (y sigue sanando) a ciegos, cojos, paralíticos, endemoniados. Jesús hace vivo su Reino en cada corazón que lo sigue. La buena noticia es que ese reino está maravillosamente cerca. Está al paso de una oración hacia Dios. Así de próximo. 

Así como Marty McFly le habla a su padre, Dios nos dice que nos propongamos cualquier cosa porque Él la cumplirá por nosotros. Aunque nosotros seamos débiles, aunque no estemos lo suficientemente preparados, aunque ya no tengamos fuerzas. Dios no se reirá de nosotros. Dios no se burlará de nuestra petición. Si el pedido es grande, entonces le has pedido algo en lo cual Él es especialista.

El Cristianismo no se trata de lo que hacemos nosotros, sino de lo que Cristo hizo por nosotros y de lo que Dios hace por nosotros hoy.

Pidámosle a Dios cada día que el pan de mañana nos lo dé hoy. Yo lo haré. Los invito a hacer lo mismo.

Grita más fuerte

Aconteció que, acercándose Jesús a Jericó, un ciego estaba sentado junto al camino mendigando, y al oír a la multitud que pasaba, preguntó qué era aquello. Le dijeron que pasaba Jesús nazareno. Entonces gritó, diciendo: “¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!”. Los que iban delante lo reprendían para que callara; pero él gritaba aún más fuerte: “¡Hijo de David, ten misericordia de mí!”. Jesús entonces, deteniéndose, mandó traerlo a su presencia. Cuando llegó, le preguntó,  diciendo: “¿Qué quieres que te haga?”. Y él dijo: “Señor, que reciba la vista”. Jesús le dijo: “Recíbela, tu fe te ha salvado”. Al instante recobró la vista, y lo seguía glorificando a Dios; y todo el pueblo, cuando vio aquello, dio alabanza a Dios. (Lucas 18,35-43).

¿Cuántas veces nos hemos sentido como este hombre? ¿Cuántas veces nos hemos sentido igual de mendigos, angustiados, ciegos y necesitados? Este hombre rogaba por misericordia. Llevaba quizá cuántos años así. Talvez era ciego de nacimiento. Su angustia debe haber sido mucha. Ciertamente, vivir de mendigo no es el sueño de nadie.

Algunos, cuando nos sentimos así, comenzamos a orar y no faltan aquellas personas que nos dicen que lo que pedimos es imposible. Hablan como si para Dios algo fuera difícil. O talvez lo dicen porque no entienden nuestra necesidad. Solo un ciego comprende lo difícil que es ser ciego y subsistir día a día. Solo alguien necesitado, angustiado, depresivo, alguien que está cesante, alguien a quien le impiden ver a sus seres queridos, conoce ese dolor. Los demás probablemente no te comprendan, pero Dios sí.

No faltan aquellos que nos hacen callar o nos dicen que pidamos menos. Nos piden conformarnos con menos porque ellos lo tienen todo. Porque ellos no son ciegos: ellos ven el resplandor del sol cada mañana y la luz rojiza del crepúsculo. Pedir poco hubiera sido como si este ciego le hubiera pedido a Jesús ver solo de un solo ojo. Pues, no. Este ciego se rehúsa. No quiere quedar tuerto. Quiere la sanidad completa, no solo una parte. Quiere la salvación. (Después de todo, la palabra salvación proviene de salud).

Pese a las reprensiones, pese a que lo hicieron callar, pese a que talvez sus gritos eran  molestos a la gente (a nadie le parecen agradables los mendigos), él se atreve a gritar más fuerte para pedir misericordia. Este ciego quería que Jesús atendiera su llamado. Quería ser visto por el mismísimo Dios en la Tierra.

Al llegar, Jesús le pregunta: “¿Qué quieres que te haga?”. Jesús sabía lo que necesitaba. Dios sabe lo que necesitamos antes que se lo pidamos, pero quiere que nos acerquemos a él humildemente y se lo pidamos. No nos dice que la petición sea pequeña o “humilde”, sino que nuestro corazón sea humilde ante Él, ante nuestro Creador, porque Él tiene poder para responder aún lo más difícil. Incluso, darle la vista a un ciego. ¡Algo que hasta nuestros días parece imposible!

Pero Jesús sana a este hombre sin necesidad de operaciones, de costos médicos (en esa época también había médicos), de medicamentos. Jesús no lo deriva a un especialista. Jesús es el médico especialista de los enfermos. Él no ha venido a los sanos. No ha venido a los perfectos, sino a los imperfectos. Viene a buscar a la oveja que se había perdido.

Finalmente, a su sola palabra, el hombre recibe la vista. El universo fue creado por la palabra de Dios y basta solo que él lo diga y nuestra petición será respondida. Muchas veces, la respuesta demora. Pero debemos ser persistentes y hacer como hizo este hombre: gritar más fuerte, pedir pese a que todos nos hagan callar, orar con más intensidad, buscar un encuentro profundo con Dios que hoy se hace presente a través de la Persona del Espíritu Santo.

Dios está tan cerca de ti como lo estaba Jesús del hombre ciego. Búscalo. Solo Él te puede dar la salvación a través de la fe. ¿Tienes una fe pequeña? Dios dice que si tu fe fuera tan pequeña como un grano de mostaza serás capaz de mover montañas.

Dios está cerca. Su reino ha llegado. Trabaja para Él, sígue a Jesús.

Soñemos juntos

Hola a todos. Soy pastor de la Iglesia del Viento: la primera iglesia online. Esta iglesia no tiene requisitos, no tiene restricciones. Es 100% inclusiva. Pueden pensar distinto. Pueden ser ustedes mismos.

La Iglesia del Viento no tiene templos. Dios no desea templos de piedra: el mejor templo para Dios es el corazón del ser humano. Deseo que esta Iglesia sea la más grande de la historia. Sueño que el mensaje de Jesús llegue a todos los continentes: a todas las personas.

Tengo la siguiente visión: una fundación con centros de adopción internacional y la creación de un centro educativo con enseñanza libre y humanizada para los niños. De esta forma estoy seguro que transformaremos el mundo. Como ustedes saben, en algunos países se está obligando a mujeres que aborten, debido a que no tienen el dinero suficiente para pagar los impuestos. Nuestra misión entonces es de carácter urgente. No podemos seguir esperando.

Pero no sirve que yo solo tenga este sueño. No sirve que yo solamente tenga esta visión. Una persona no puede lograr esto si actúa solitariamente. Necesito de la colaboración de todos ustedes. Necesito de su ayuda. Los invito a ver un nuevo mundo y a soñar conmigo.

¿Cómo me pueden ayudar? De una o todas las formas que les muestro a continuación.

1. Pidiéndole a Dios que haga realidad estos sueños. La oración es el arma más peligrosa, poderosa y eficaz que Dios ha puesto a nuestro alcance.

2. Difundiendo estos escritos en las redes sociales, por correo electrónico, decirle a sus conocidos o imprimiéndolos para quienes no tienen acceso a internet.

3. Si usan Facebook: colocando “me gusta” en la página de la Iglesia http://www.facebook.com/IglesiaDelViento

4. Dándome sugerencias, consejos, ideas, etc. Pueden hacerlo a mi correo electrónico sebastianleroywriter@gmail.com o en los comentarios.

5. Si desean enterarse de qué sucede en otros países lean mi blog de noticias: http://noticiasquevalen.blogspot.com

No les pido su dinero, sino su compromiso y disposición. No les pido que hagan sacrificios:  les pido su trabajo y su apoyo. Tengo fe de que esto se logrará, pero sé que no lo puedo hacer solo. Sé que los necesito. Únanse a este proyecto.

Con afecto,

Sebastian Leroy.

No renuncien a su libertad (historia de Liu Xiaobo)

[This article is available in english.]

Liu Xiaobo (刘晓波) es un poeta y activista de los derechos humanos que ganó el premio Nobel de la paz en el año 2010, sin embargo el gobierno chino (país por el cual siento un afecto especial) no le ha permitido recibirlo y lo mantiene prisionero por haberse opuesto al régimen.

El Sr. Liu hizo clases de literatura en la Universidad Normal de Beijing, en la Universidad de Columbia, Universidad de Hawai, etc. Se encontraba en el extranjero cuando se produjeron las protestas pacíficas de la plaza de Tian’anmen en 1989. En Abril de ese año decidió volver a su tierra natal, pese a los riesgos y participar activamente en el movimiento. Esta protesta tiene una imagen que representa muy bien su espíritu: un joven rebelde (desarmado) impide a un tanque avanzar y el de muchos otros. Se estima que murieron unas 7,000 personas (no se puede saber el número exacto) en Tian’anmen.

Liu Xiabo fue uno de los autores del manifiesto “Carta 08” (零八宪章) el cual presenta 17 demandas específicas como libertad de expresión y libertad religiosa. Este manifiesto fue firmado por 10,000 personas. Dos días antes de la publicación fue puesto en custodia por la policía. Fue enjuiciado el año 2009 por los cargos de “incitar la subversión al estado”.

Él hizo esta declaración el 23 de diciembre de 2009 (la traducción es mía):

«No tengo enemigos ni odios. Ninguno de los policías que me han monitoreado, arrestado, interrogado, perseguido o sentenciado son mis enemigos […] Debido a que el odio es corrosivo en la sabiduría y conciencia de una persona; una mentalidad de enemistad puede envenenar el espíritu de una nación, instigar una lucha brutal de vida o muerte, destruir la tolerancia de una sociedad y destruir a la humanidad. Por lo tanto, espero ser capaz de trascender mis vicisitudes personales en la comprensión del desarrollo de los cambios en la sociedad, contrarrestar la hostilidad del régimen con la mejor de las intenciones y apaciguar el odio con amor… No me siento culpable por mi admiración al derecho constitucional de la libertad de expresión ni por cumplir mi responsabilidad social como ciudadano chino. Incluso si soy acusado de ello no tendría queja alguna».

Hasta el día de hoy lo mantienen preso, pese a luchar por los derechos humanos que muchos en la actualidad ni siquiera ejercemos. Tenemos libertad religiosa para poder anunciar las buenas nuevas del Reino de Dios, sin embargo, muchos callan o no toman un rol protagónico en esta labor. A aquellos les digo que recuerden que es un derecho que no gozan los ciudadanos de países como Arabia Saudí, Irán, Uzbekistán, China, Egipto, Myanmar, Maldivas, Eritrea, Malasia y Brunéi.

Después de saber esto, ¿aún quieres mantenerte inactivo en un país en el que sí tienes libertad para anunciar a Cristo? ¿Aún quieren mantenerte inactivo en la transformación del mundo en un país en el cual sí tienes la libertad para expresarte? ¿Aún quieres permanecer inerte frente a todas las injusticias que vemos en el día a día? ¿Aún quieres permanecer a la sombra cuando tu destino es brillar?

Mi mensaje hoy es que no renuncien a la libertad que poseen. No se dejen vencer por los temores. No se dejen vencer por las culpas, por el remordimiento. Ya no son esclavos del pecado. Si ustedes han escogido a Dios han sido perdonados sus pecados con la sangre de Cristo. Jesús nos ha dado dignidad. Oren, anuncien, actúen. No dejen que el tiempo pase sin ustedes hacer algo. Nuestra misión es urgente y todos son importantes. Dios quiere que todos trabajemos para él.

Ahora, no sirve hacer marchas y protestas si no hay oración que las respalde. Ser activo también implica orar. (Contrario a lo que creían los monjes medievales, pienso que la oración es también un trabajo). Además, sabemos que la oración en sí es un arma tremendamente poderosa, la cual debe estar unida a la palabra. Por lo tanto, oremos por la liberación de Liu Xiaobo y veremos el poder de Dios. Oremos por lo imposible. Démosle un trabajo importante a Dios. No se trata de que lo hagamos todo nosotros. El mundo está solo en sus tareas, pero nosotros tenemos a un poderoso gigante que lucha por nosotros.

El libro de Jeremías 20:11, en la Biblia, dice:

Mas el Señor está conmigo como un poderoso gigante; por tanto, los que me persiguen tropezarán y no prevalecerán; serán avergonzados en gran manera, porque no prosperarán; tendrán perpetua confusión, que jamás será olvidada. 

Oremos por la libertad religiosa en el mundo. Oremos para que sean liberados aquellos cristianos y no-cristianos prisioneros solo porque tuvieron la valentía para defender su libertad e incluso estuvieron dispuestos a dejarlo todo por luchar por ella… Como Liu Xiaobo.

Cambiar el mundo

“No con ejército, ni con fuerza, sino con mi espíritu, ha dicho el Señor.” – Zacarías 4,6.

Rerefencias:

http://en.wikipedia.org/wiki/Liu_Xiaobo

http://www.nobelprize.org/nobel_prizes/peace/laureates/2010/speedread.html

Transformemos el mundo (autobiografía de mi niñez)

¿Alguna vez han sentido las ganas o la necesidad de cambiar el mundo? Yo sí. Hay personas que piensan que las transformaciones se hacen los días de elecciones presidenciales, en las calles haciendo marchas o con ejércitos en países foráneos. Yo discrepo de estos métodos, ya que conozco uno mucho más eficaz. Pero antes de llegar a ello déjenme contarles una historia. Es una historia real que trata de mí mismo.

Empecemos.

Todo lo que tuvo que ver con mi nacimiento fue bastante problemático y de muchos temores para mi madre (según lo que ella me ha relatado). Cuando aún no nacía los médicos le dijeron que podría perderme. Tuvo muchas dificultades durante el embarazo. Esto le hizo orar para que Dios me protegiera, pero fue más allá de esa simple petición y, visionariamente, pidió que me pareciera a Dios. (Sí, yo también me impresioné cuando supe lo que había pedido).

Nací sin problemas. No me perdió. Los pronósticos no se cumplieron. Pero nací con un problema autoinmune, ictericia y problemas adicionales. Los médicos nuevamente le daban los malos augurios: podría fallecer o bien podría terminar con un retraso mental. Cuando me hacían controles eso era lo que todos notaban porque hacía movimientos extraños: no era normal. Los primeros años, me relata ella, fueron muy difíciles, ya que debía ir constantemente al hospital.

Mi madre nuevamente volvió a orar. Esta vez pidió para que Dios me hiciera inteligente. Oró con fe, contra todos los pronósticos de la medicina. Pasó el tiempo y ya no íbamos tanto al hospital. Cada mañana me levantaba de mi cama e iba a su pieza a jugar con un lego de letras (esos cubitos para formar palabras), aún tengo el feliz e iluminado recuerdo. Tenía aproximadamente dos años y medio. Me cuenta ella que grande fue su sorpresa cuando notó que yo empecé a armar palabras solo. Ella me decía que escribiera “pipi” o cosas así (no se trata tampoco de que armara filosofías) y yo lo podía hacer. Dice que en ese momento ella se dio cuenta que Dios había respondido sus plegarias incesantes. No tenía un retraso mental: estaba sano.

Seguí así y a los cuatro años ya escribía historias y les agregaba dibujos. Yo decía que eran chistes, pero nadie se reía. Creaba historias de frutas viajeras espaciales. Por ejemplo, una piña que iba a la luna o a Marte. Mucho más adelante comprenderíamos que yo les llamaba chistes porque cuando creaba esas historias sentía una alegría muy especial y como no tenía en mi vocabulario la palabra “cuento” o “vocación” les decía “chistes”. Asociaba ese término con la alegría porque seguramente habría visto humoristas en la TV que contaban chistes y la gente reía. En todo caso, por dentro yo reía; por fuera también. Era feliz creando.

Llegó la edad en que debía entrar a kínder. Entonces empezó un conflicto con mi madre. Un conflicto que duraría más de 10 años. No pudimos llegar a un acuerdo. Primero teníamos que ir a comprar uniforme. No podía entender por qué debía usar uniforme. No podía entender por qué tenía que usar ropa incómoda para ir a una institución a la cual no quería ir. Mi mamá decía que allí me enseñarían y yo le respondía: «Pero, ¿por qué no me enseñas tú?». Yo tenía toda la razón (ahora ella lo admite): con ella había aprendido a dibujar, a leer, a escribir. Estaba totalmente preparada para ser mi profesora. (Como aclaración, ella no es profesora de profesión, no es universitaria, pero es mucho más inteligente e intruida que muchos universitarios que he conocido). Estaba preparado para ser educado en casa y para serles sincero… En el colegio no aprendí algo: todo lo que aprendí fue en casa.

Cada mañana era una batalla campal para que fuera al colegio. Me escondía todos los días en un lugar distinto de la pieza con la esperanza de que ella no me encontrara y de esa forma no ir. Hacía todos mis esfuerzos para lograr mi objetivo. No solo en la casa era la batalla: también en el colegio. No dejaba que me mandaran, no me quedaba sentado en el puesto que me ordenaban. Solía colocarme un chaleco azul o un polerón (el uniforme dictaba que debíamos usar un chaleco rojo).

Pero había algo que no concordaba: desde primero básico en adelante tenía notas casi siempre sobresalientes, las veces en que no eran sobresalientes era porque en ocasiones, simplemente, no quería hacer una tarea. De todos modos, aquellas buenas calificaciones (era uno de los mejores del curso) no se correspondían con mi conducta ni con mi indiferencia a las clases. Yo me dedicaba todo el rato a correr por la sala, jugar y molestar a mis compañeras, etc. Terminaba siempre amonestado, con mil anotaciones negativas y en “inspectoría”. Es que mientras había otros niños que recién se familiarizaban con hacer frases yo ya había creado cuentos. Yo era un artista, un creador, pero nadie se daba cuenta. En realidad, nadie entendía algo. Creo que solo era yo quien comprendía cuál era el mejor método de enseñanza para mí. Por eso ahora yo soy un pleno defensor de que los niños sí pueden opinar sobre su educación y escoger qué es lo que quieren. Porque yo lo viví y sé de lo que hablo.

Como era incapaz de obedecer órdenes y tenía muchos problemas con casi todos los profesores (solo recuerdo una tía y un profesor que me comprendieron). Creyeron, nuevamente, que tenía un problema intelectual. Fui al psicólogo. Me calcularon la famosa prueba de CI ¿El resultado? Tenía un coeficiente intelectual superior al resto. Nuevamente mi madre veía la respuesta a su oración. No solo Dios me había sanado, sino que me había dado una inteligencia mayor a la normal.

Ahora, no se trata de que yo no estudiara. Yo estudiaba. El “problema” era que estudiaba las cosas que yo quería, no lo que me exigían. Les doy ejemplos de cosas que aprendí en casa: dibujar, escribir sonetos y poesía en general; tocar guitarra; leer partituras musicales; usar el computador, aprendí inglés que con el tiempo fui perfeccionando cada vez más, filosofía, etc. Yo sabía lo que quería. El problema es que la sociedad no me permitía salir de sus esquemas. Yo necesitaba libertad.

Ahora, retomando el tema inicial, ¿cuál es la forma para transformar el mundo? La respuesta es orando con fe a Dios. Mi madre oró para que no muriera y Él escuchó. Oró para que no tuviera un retraso intelectual y el resultado del test CI fue que era más inteligente que el resto. La oración es el arma más poderosa, peligrosa y eficaz.

¿Creo que se necesita transformar el mundo? Sí. Vivimos un sistema aún opresivo en cuanto a educación (es un problema mundial). Muchos niños apenas se pueden desarrollar en las escuelas porque los tienen sentados en sus pupitres cuando en realidad debieran estar imaginando, corriendo, jugando, pensando, etc. Debiéramos estudiar a nuestro ritmo y no al ritmo del sistema. El sistema no nos entiende. Nosotros sí.

Además debemos corregir todas las injusticias sociales que existen. Dejar de dar premios por buenas notas y cosas así. Dejar de seleccionar alumnos. El sistema trata a los niños como si fueran adultos cuando trata de responsabilidad, pero cuando se trata de derechos no les dan ningún beneficio.

¿Si creo que transformaremos el mundo? Tal vez nosotros no tenemos poder, pero Dios sí lo tiene. ¿Y qué es lo mejor de todo? Dios nos ha dado la autoridad para pedirle lo que deseemos. Al menos yo ya estoy orando para que esto ocurra. Tengo la certeza que el mundo cambiará para bien porque yo estoy orando en esa dirección y sé que Dios responde. Les doy un adelanto: la transformación ya ha comenzado.

Oración

Has escuchado nuestro clamor

Hemos sufrido por años incontables

En edades tempranas y edades remotas

Han sufrido nuestros niños, nuestros ancianos

Hemos sufrido todos nosotros

Tus hijos

Hemos vivido humillaciones

Sufrimientos y anhelos no realizados

Desprecios, ignominias y escarnios

No nos han sabido valorar ni reconocer

No han apreciado nuestro trabajo

Hemos pasado por la sequía, el vacío y la tormenta

A veces sentimos que no estabas con nosotros

Pensamos que nos habías olvidado

A veces pensamos que lejos de ti estaba la respuesta

Y erramos

Nos faltó confiar más en los dones que nos habías entregado

Nos faltó confiar más en la Palabra que nos habías entregado

Nos hizo falta el coraje para transmitirla

Nos hizo falta el apoyo de nuestros hermanos

Nos hizo falta su respaldo

Pero hoy tú nos has escuchado

Hoy tú nos has respondido

Porque ya no toleras la injusticia que se ha hecho con nosotros

Nos has levantado como apóstoles, profetas, embajadores y jueces

En un mundo lleno de hambre y sed de ti

El mundo busca desesperado tu alimento

Pero no sabe distinguir entre el pan y el plástico

Nos has puesto para regir las naciones

Nos las has dado como herencia

Y nos has puesto para que rijamos con sabiduría la Tierra

Hoy nos has dado las riquezas

No es necesario esperar

Porque con fe ya podemos ver tu bendición

Aquella que te hemos rogado

Con lágrimas en nuestros ojos

Ya cansados por el dolor

Hoy se ha marcado un antes y un después

Nuestras vidas ya no serán las mismas

Ahora te serviremos a ti

Y recibiremos la recompensa

No seremos quienes busquen a los poderosos de esta Tierra

Sino que serán ellos quienes acudan a nosotros

Vendrán del oriente y del occidente

Seremos los líderes de las naciones

Y las naciones nos respetarán y temerán

Porque nos pondrás como líderes espirituales

Para guiar a tu Iglesia viva que se mueve incesante

Fuerte, clara y con una voz que remece los mares

Los océanos y los bosques

Jesucristo es el Rey

Gobiernas sobre nosotros

Y a través de nosotros

Traes paz, justicia, verdad, equidad y felicidad.