¿Cuál fue el mensaje principal de Jesús?

El mensaje principal de Jesús fue: “El reino de Dios se ha acercado”.

¿Quién era el rey? Él mismo. Por eso en su cruz dice “INRI”, un acrónimo en latín para Iēsus Nazarēnus, Rēx Iūdaeōrum (Jesús Nazareno Rey de los Judíos). Por esa razón le pusieron una corona de espinas. Los soldados romanos se burlaban de él cuando escribieron esto, lo sé. Pero no hacían más que confirmar Su palabra. De todos modos, su reino no era de esta Tierra.

Ahora, ¿qué significa que el reino se ha acercado? Significa que lo escatológico, lo futuro, se transforma en presente en la Persona de Jesús. En la oración que nos enseñó señala: “Venga a nosotros tu reino. El pan de mañana, dánoslo hoy”. Es decir, el pan de la vida, ese que nos dará en el Paraíso, pedimos que lo dé hoy. Pedimos que traiga el futuro hasta hoy, hasta nosotros. El reino es vive en nosotros.

En la petición del pan de mañana va incluido todo: comida, trabajo, esposa/o, hijos, etc. Es que todo es santificado cuando estamos con Dios. Dios no hace una diferencia entre las cosas espirituales y las cosas profanas. Nuestro Padre es un Dios es un Dios de todo, no un Dios de algunas cosas solamente.

Vayamos a la frase inicial del mensaje principal de Jesús. ¿De qué trata este reino del cual tanto predicó Cristo? Es un reino en el que prima el amor. Prima la más alta de las éticas: la más alta moral. Aquí prima el amor a los enemigos. Jesús nos manda a hacer el bien a quienes nos persiguen y hablan mal de nosotros. Jesús nos enseña a no odiar. El que odia a su hermano es similar a un asesino.

Es un reino diferente.

Si en los reinos terrenos los ricos son afortunados, en el reino de Dios los pobres son bienaventurados. Y no solo los pobres: también los perseguidos, los que sufren, los humildes, los compasivos, los de corazón limpio, los que trabajan por la paz.

Pero este reino es principalmente, un reino de gracia. Está abierto a todos. No pueden existir sectas cristianas, ya que el cristianismo está abierto a todos. Todos tienen cabida en este reino. Eso sí, nos advierte, muchos son llamados, pero pocos escogidos. Pocos son los que aceptan el perdón gratuito de Dios. Pocos son los que le entregan su corazón a Dios para ser transformados.

El reino de Dios, en síntesis, no es un cúmulo de leyes, sino un lugar milagroso, bello y que se hace presente en nuestra vida cada vez que oramos (no hay reino sin oración), cada vez que sentimos a Dios y cada vez que ayudamos al prójimo.

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